«¿Extrañas el bullicio?».Para la mañana siguiente, Rose despierta en su habitual habitación gris. El cuerpo le duele a horrores, y mover sus extremidades solo es una invitación a quejarse en voz alta. Aun así, haciendo acopio de todas sus fuerzas, logra sentarse en la cama.El recuerdo de la noche anterior llega de golpe, como un tren estrellándose contra una pared de concreto. Pronto, una mezcla de vergüenza y un vértigo caliente en su vientre le recuerdan la cruda realidad: estuvo con tres hombres, o, mejor dicho, tres demonios, al mismo tiempo.Si bien es cierto que ha tenido sueños cargados de esa misma depravación en el pasado, vivirlo en carne propia la hace temblar de una manera que jamás imaginó posible.—¿Fue real? —Se pregunta a sí misma en un susurro, arrastrando las piernas fuera de las sábanas.Al caminar con dificultad hacia el espejo, contiene el aliento. Su reflejo no miente. Múltiples marcas de un ligero tono morado adornan su piel. Nota varias mordidas profundas que
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