Alexander estaba sentado a la mesa.¿Por qué se había levantado tan temprano?—¡Mami! —gritaron los tres niños al verla, con los ojos brillantes.Bajaron de sus asientos y corrieron hacia ella, rodeándola, abrazando sus piernas y saltando de emoción.—Mami, ¿estás trabajando horas extras otra vez? —preguntó Liam.Maya miró esas tres caritas felices y sonrió.—Sí, estoy trabajando horas extras, pero vendré a verte tan pronto como termine.—Mami, ¿por qué no vives con nosotros? —preguntó Stella.—¡Quiero jugar juntos! —exclamó Tomas.Maya sabía que no podía vivir con ellos. No esperaba que, incluso después de tanto tiempo, siguieran preguntando lo mismo.Se sintió incómoda, con el corazón apretado.—Cuando termine con estos dos días de trabajo, dormiré con ustedes, ¿de acuerdo? —dijo suavemente.—¡Todos los días! —protestó Liam.—¡Cada día! —gritó Tomas.—¡Si, todos los días!… —Stella estaba a punto de llorar de nuevo.Maya miró a Alexander con incomodidad, completamente avergonzada.Rá
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