Capítulo 35. Broadway (parte 3)
Juliette Moreau El órgano entra fuerte, de golpe y sin suavidad, dominante desde el primer segundo. Los acordes son repetitivos y hacen que la música suba de intensidad rápidamente. El musical comienza, y se siente amenazante e imponente, justo cómo el hombre que está a mi espalda y que se ha propuesto regalarme una experiencia única. La mano de Aston está apoyada en mi abdomen, plana y firme, sin mayor intención aparente que esa, solo estar. Intento mantenerme quieta, mostrar algo de seguridad, pero me está costando más de lo que debería. Con mis ojos tapados, el resto de mis sentidos se vuelve más potente. El oído se me afina y soy capaz de identificar poco a poco lo que se escucha y que retumba en el teatro. Lo compacto y denso de la orquesta, el silencio inevitable del público. El sentido del tacto, sin embargo, es el que más reclama en este instante, logra acallar todo lo demás, y me muestra una prioridad. Aston. Mi Lucifer personal. La mano que se apoya en mí está inmóvil
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