SOPHIE El cielo está gris, pero no de ese gris amenazante que anuncia tormenta, sino de uno suave, quieto, como si el mundo estuviera hablando en susurros. El aire huele a tierra húmeda y a flores recién cortadas, y el silencio del cementerio no se parece a ningún otro silencio. Aquí no es paz, no del todo. Aquí es respeto. Es un silencio que pesa, que se mete en el pecho y te obliga a respirar más lento, como si incluso el cuerpo supiera que está pisando un lugar donde descansan historias completas.Camino despacio por el sendero de piedras con Max a mi lado, sujetando mi mano con fuerza. Siento sus dedos cálidos y pequeños, y por un segundo me duele pensar que él también carga con ausencias que no deberían pertenecerle a un niño. Chris va del otro lado, en silencio, sosteniendo a Love contra su pecho con ese cuidado casi instintivo, como si incluso aquí, rodeados de muerte, él quisiera recordarle al mundo que nuestra hija es vida. Love duerme tranquila, ajena al lugar, ajena a todo
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