Residencia Bellini, Bosque Real - Habitación del Bebé.Amelia permanecía sentada en el sillón de lactancia, con el pequeño Alessandro descansando sobre su pecho. El rítmico sonido del monitor cardiaco, ahora mucho más pausado y estable, era la única música en la habitación. Estaba absorta en la fragilidad de su nieto cuando la puerta se abrió apenas unos centímetros.Dos pares de ojos curiosos se asomaron.—¡Mamá! —el susurro de Luciana fue un estallido de alegría contenida.—¡Shhh! —la reprendió Mateo, aunque él también entró casi corriendo—. El bebé está durmiendo, acuérdate.Los dos niños se acercaron a la silla, rodeando a Amelia. Luciana, con sus trenzas algo despeinadas por el juego, se hincó al lado de su madre, mirando con adoración la escena.—Ya lo conocíamos, mamá —dijo Mateo con orgullo, inflando el pecho—. Llegó hace unos días. Emilio nos dejó verlo, pero solo de lejitos porque decía que era como un cristalito.—¡Y yo le canté! —añadió Luciana en un susurro emocionado—. C
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