Zinga se ponía un vestido, hacía mucho tiempo que no usaba uno, después de que perdiera a su familia a manos de los grises había dejado su parte femenina, por una parte, más guerrera.Recordaba cuando era parte de la comunidad, cocinaba en un fogón fuera de su casa.Su pequeño hijo, Yamal, llegaba con la leña y su esposo volvía con la caza del día.—Traje un jabalí, me costó cazarlo, pero espero que hagas un buen asado.Ella sonrió, era su día a día, no le importaba hacerse cargo de la casa, de su esposo e hijo. Cuando nació su hija fue distinto, ella fue más cuidadosa.Amaba a su familia, todo estaba bien hasta que comenzaron los ataques en el pueblo.Al principio fueron unas vacas, corderos, pero cuando un niño desapareció lo supo: el enemigo más temido había llegado a sus tierras.El pueblo hizo varias reuniones y se puso grupos de ataque, en donde su esposo intervino.Cada salida de su esposo la llenaba de miedo, hasta que se escuchó el grito de victoria: habían cogido a un gris, s
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