Punto de vista AldoFinalmente rompió el silencio entre nosotros diciendo que debía irse, un hueco se formó en mi estómago, le dije que lo que decidiera estaba bien, en realidad me moría por suplicarle que no se fuera, me ofrecí para llevarla a casa y me rechazó, todo mi cuerpo cargado de tensión debatiéndome entre respetar su decisión y dejarla ir o pedirle que se quedara, por más que intenté no pude contenerme, quería la verdad, pues se lo dije, temía que si la dejaba marcharse iba a perderla para siempre, el que ella no lo negara y solo insistiera en hablar después hizo que mi corazón casi saliera de mi pecho; se apresuró a salir dejándome atrás.Me quedé ahí de pie congelado por unos minutos, con miles de pensamientos arremolinándose en mi cabeza, busqué la botella de tequila y me senté en la sala decidido a ahogar mis penas, ni siquiera traje un caballito, me serví en el mismo vaso dónde había traído el agua, lo llevé a mis labios y no pude beberlo ¡No, no puedo dejarla ir!, ¡No
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