No había mucho que hacer en la fábrica ese día, aunque Henrico intentaba involucrarse con los planes de reemplazar las máquinas. Él estaba realmente emocionado con la genial idea de Antonela. Las cosas empeoraron bastante cuando, al final de la jornada, su móvil se llenó de notificaciones, la mayoría de ellas cosas horribles dichas sobre ella.Antonela sabía que todas esas cosas, o la mayoría, eran patéticas falacias, pero lo que la gente decía sobre ella en internet, la mayoría de las veces, la dejaba deprimida.Se quedó allí sentada, frente a la ventana, viendo cómo la luz de la tarde se disipaba, mientras sus sentimientos explotaban en su pecho sin que ella supiera qué hacer.—¿Qué te está pasando, Antonela? —La voz de Henrico resonó a su lado, haciéndole dar un enorme susto—. Pensé
Leer más