Sobrevivir no es lo mismo que vivir, y Catalina acababa de aprender la diferencia.La conciencia regresó como una marea lenta y dolorosa, arrastrando fragmentos de realidad que se negaban a formar un todo coherente. Primero fue el pitido constante del monitor cardíaco, luego el olor antiséptico que invadía cada respiración, finalmente la luz tenue que se filtraba a través de párpados que pesaban como plomo. Catalina intentó moverse y un dolor agudo atravesó su abdomen, arrancándole un gemido que apenas reconoció como propio.Los bebés.El pánico llegó antes que cualquier otro pensamiento racional, una oleada de terror que aceleró el monitor hasta convertirlo en un alarido electrónico. Sus manos volaron instintivamente hacia su vientre, buscando confirmación, vida, cualquier señal de que no todo estaba perdido.—Señora
Leer más