ALMAS DESTINADAS - CUANDO SE APRENDE A CALLAREl lunes llegó sin mucho alboroto, como suelen llegar la mayoría de las cosas importantes: sin aviso y sin celebraciones.Sarah despertó antes de que sonara la alarma, con la sensación de que algo se había movido de lugar dentro de ella durante el fin de semana. No era ansiedad ni emoción desbordada. Era más bien una calma distinta, una especie de orden nuevo que todavía no terminaba de comprender.Se quedó unos segundos mirando el techo, escuchando los sonidos del edificio que comenzaban a despertar con ella. Un departamento se abría más arriba, una tubería crujía, un automóvil pasaba por la calle. La vida seguía igual.Y, sin embargo, algo había cambiado.No pensó de inmediato en Liam. Eso le sorprendió. No porque no estuviera presente en su mente, sino porque ya no ocupaba el centro absoluto de sus pensamientos. Estaba ahí, sí, pero compartiendo espacio con todo lo demás: el hospital, el trabajo, su madre, las cuentas pendientes, la can
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