6 AÑOS DESPUÉS:El sol de la tarde bañaba el claro de las manadas que casi parecían estar unidas, donde Seringala y la Manada Sangrienta casi se habían fusionado en una sola familia próspera. Los cachorros jugaban entre risas y aullidos infantiles, mientras sus padres los veían. Bajo el liderazgo de Caius y Eryx, las manadas habían prosperado, el comercio florecía, los límites estaban seguros y la profecía se había cumplido en las dos manadas.Samuel, el hijo mayor de Eryx y Lana, observaba a Brielle con una sonrisa tonta en el rostro. La cachorra con su cabello oscuro heredado de su padre, corría con gracia y la delicadeza de su madre, entre los árboles, riendo mientras practicaba.Samuel sentía un tirón en el pecho cada vez que la veía. Era enamoramiento puro, inocente, pero claro, Caius apoyado contra un árbol cercano lo notó al instante. Sus ojos se entrecerraron y su mandíbula se tensó enseguida.—Ese cachorro no deja de mirarla —gruñó por lo bajo cruzándose de brazos.Eryx a
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