Piper giró el rostro hacia el otro lado, sin abrir aún los ojos, al sentir una caricia en la mejilla.—Déjame en paz —murmuró con voz somnolienta.Una carcajada baja rompió el silencio.—Cariño, empieza a hacer frío. Deberíamos entrar. Te prometo que después de la cena podrás seguir durmiendo.Piper volvió a girarse y esta vez abrió los ojos, todavía adormilada. Estaban en su luna de miel, disfrutando de una de las playas más hermosas de Grecia, en una pequeña isla donde el tiempo parecía avanzar más despacio.—Quiero fresas con mayonesa —soltó sin preámbulos.Colton sonrió, nada sorprendido. Desde que estaba embarazada, su esposa había desarrollado los antojos más extraños… y él estaba más que encantado de cumplirlos. Piper llevaba dos meses y medio de embarazo. Lo habían descubierto apenas unas semanas antes de la boda, y había sido la mejor noticia que ella podría haberle dado. Meses atrás, antes de que terminara el máster, habían hablado del tema y decidido que no querían seguir
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