Cuatro semanas después.El aeropuerto de Toronto la recibió con una calma distinta. Aria avanzó entre la gente con la valija rodando a su lado, sin apuro, como si no tuviera que llegar a ningún lugar más que a su interior. Martina, su hermana menor, la vio primero y levantó la mano totalmente emocionada de tener a la mayor una temporada.—¡¡¡Llegaste!!! —dijo cuando la abrazó—. Estás delgada —agregó con tono reprensivo.—Claro que no —retrucó la joven—. Tü eres una exagerada —comentó Aria, sonriendo.Max estaba a su lado, apoyado contra una columna con un café en una de sus manos.—Él es Max —dijo Martina abrazando a su novio por detrás de los hombros—. Mi canadiense favorito, de quién te hablé hasta el cansancio.—Y ella es mi norteamericana —agregó el joven—. No tengo el placer de que me haya hablado hasta el hartazgo, pero si creo conocerte un poco —aclaró él—. ¡Bienvenida!—Gracias, espero no ser una molestia.—Tú eres mi hermana mayor. —Soltó a su novio y se acercó a la chica—. N
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