La oficina del abogado matrimonialista tenía esa atmósfera aséptica que caracterizaba los espacios donde se formalizaban las rupturas. Paredes color marfil, muebles de madera oscura, y una mesa de conferencias lo suficientemente amplia como para mantener la distancia necesaria entre dos personas que alguna vez compartieron la misma cama.Valeria llegó puntual, como era su costumbre. Vestía un traje sastre gris perla que le daba un aire profesional, casi distante. Llevaba el cabello recogido en un moño bajo, y apenas un toque de maquillaje natural. Quería parecer serena, en control, aunque por dentro sentía un vacío que amenazaba con tragarla entera.Liam ya estaba allí cuando ella entró. Sentado al otro extremo de la mesa, lucía cansado. Las ojeras bajo sus ojos delataban noches de poco sueño, y su mandíbula tensa revelaba la tensión que intentaba ocultar. Se puso d
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