Las setenta y dos horas que siguieron a la entrega de las fotografías transcurrieron para Cassandra con la lentitud particular de las decisiones que no tienen salida.No hubo llanto. Ya había aprendido que el llanto era un lujo que el cuerpo no podía sostener cuando la mente necesitaba toda su energía para calcular. Se sentó en el apartamento del piso once con una taza de té que se enfrió sin que ella la tocara, y contempló las dos opciones con la misma frialdad clínica con la que había contemplado diagnósticos terminales durante su formación médica.Opción A: rechazar. Negarse a gestar al hijo de Damián e Isabelle, invocar su dignidad, su autonomía, su derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Y perder a Alessandro, a Isabella, a Mateo. No de manera abstracta, no como amenaza velada. Perderlos de manera concreta, documentada, legal. Fontaine Industries ten&i
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