Muchos empleados de la empresa quizás desconocían la vida privada de Andrés, pero sus secretarios y chófer, entre otros, lo veían todo, tanto a la vista de todos como en privado.Antes, el Señor Molina parecía centrarse únicamente en el trabajo: se fijaba sus propias metas, pero nunca obligaba a otros empleados a trabajar horas extras con él.Era el tipo de hombre perfecto: íntegro, con altos estándares para sí mismo, habilidades excepcionales y una apariencia atractiva.Para la mayoría, estas cualidades combinadas ya bastaban para definir la perfección.En comparación, otros pequeños defectos resultaban insignificantes.Por ejemplo, los orígenes modestos de Andrés, sin respaldo familiar, y una hermana con problemas mentales, ya fueran hereditarios o adquiridos.Anteriormente, no habían faltado empresarios interesados en Andrés: era hábil en los negocios, de carácter firme, con el tipo de apariencia que gustaba a las mujeres y sin un trasfondo familiar poderoso. Un yerno así podría ser
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