La sede de Valeria Montero Atelier ocupaba ahora todo el edificio modernista en Chueca—cinco plantas de ventanales que daban a la calle Fuencarral, techos altos con molduras restauradas, y ese tipo de silencio productivo que solo los espacios donde se creaban imperios sabían generar. Valeria observaba Madrid desde su oficina en el último piso—la ciudad extendiéndose bajo el cielo de octubre con esa claridad que solo el otoño madrileño producía—mientras sus manos descansaban sobre el portafolio de cuero que contenía los bocetos finales para la colección de primavera.Seis años.Habían pasado seis años desde el juicio. Seis años desde que Marcus Webb había confesado todo bajo inmunidad. Seis años desde que el Consorcio se había desmantelado pieza por pieza, nombre por nombre, cuenta bancaria por cuenta bancaria.Seis años desde que ella
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