Los días siguientes marcaron una recuperación asombrosa para Ana. Su cuerpo respondía bien al tratamiento, y el bebé que llevaba dentro estaba a salvo, creciendo fuerte. La esperanza comenzaba a florecer en medio de la fragilidad.Ana recibía visitas constantes de sus seres más cercanos. Susan no se alejaba por mucho tiempo, y Alejandro permanecía a su lado siempre que podía. Pero había algo que Ana no dejaba de notar: el socio de Alejandro, Alberto, aparecía con frecuencia. Su rostro mostraba una preocupación profunda, casi personal. Y eso la intrigaba.Deseaba salir del hospital pronto. No solo para recuperar su vida, sino para aclarar ciertas dudas que empezaban a inquietarla. Especialmente sobre Alberto.Una tarde, mientras descansaba en la camilla de su habitación privada, escuchó voces detrás de la puerta. Era el médico hablando con Alejandro.—Ya está lista para el alta —decía el doctor—. Solo debe continuar con las vitaminas y evitar cualquier actividad que requiera esfuerzo f
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