POV DE ISABELA
El sobre amarillo pesaba en mis manos como si contuviera plomo líquido. Ethan se quedó allí, apoyado contra la puerta de nuestra casa en el norte, con el rostro fragmentado por las sombras y una vulnerabilidad que nunca le había visto, ni siquiera cuando me rescató de aquel hospital. Afuera, el motor del auto de Clara rugió antes de desaparecer en la oscuridad, dejando tras de sí una amenaza que vibraba en el aire frío.
—Ábrelo, Isabela —dijo él, y su voz era un susurro quebrado,