Marcus arqueó una ceja, divertido, y le preguntó con una sonrisa traviesa:-Cariño, ¿me estás elogiando?Rubí no pudo evitar reír y asintió.-Claro que te estoy elogiando. Eres maravilloso, ¿cómo no lo haría?Marcus negó con la cabeza, divertido.-Vaya, cariño. Te estás volviendo muy buena con las palabras dulces.-Naturalmente -respondió Rubí, orgullosa-. Con un esposo tan extraordinario como tú, si no te echo uno que otro piropo, ¿qué tal si otra mujer te arrebata? Hay tantas allá afuera, y tú eres demasiado codiciado.Marcus no pudo evitar sonreír. Verla hablar así, con esos labios tan dulces, lo hacía sentirse encantado y divertido a la vez.-Cariño, tu lengua es como miel. Cada vez más dulce -dijo él.-¿No te gusta? -preguntó Rubí, arqueando las cejas, sonriendo traviesamente.Marcus la miró, perplejo por un momento, y luego negó con la cabeza con una sonrisa.-Me encanta. Te amo en todos los sentidos. ¿Cómo no me va a gustar? Ni siquiera me atrevería a decir lo contrario.-Buena
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