Ingreso a las cámaras con la cabeza agachada, aún sentía vergüenza por su arrebato, aunque ya habían pasado dos días desde que se enteró de que la boda de Evdenor estaba a la vuelta de la esquina. Pues, ya con dos días, solo quedaban cinco, donde él sentía que cada minuto que pasaba le costaba aún más.El rey no se encontraba en su habitación, ya casi no pasaba tiempo ahí. Ahora se la pasaba con Judith y Eryn entendía perfectamente, ya que debían congeniar, llevar a cabo prácticas de cómo sería la boda y la coronación de la nueva reina de Haro. No solo era eso, sino que también debía entender asuntos políticos referentes a Eryn mismo. No se lo dijo personalmente, pero el hechicero, siendo tan curioso como siempre, había revisado algunas cartas recientes de los demás reinos. Hasta había una de un reino muy alejado, muy lejano de Haro, que insistía a Evdenor que debía entregar a Eryn y usarlo para curar enfermedades que aún no conseguían cura.No le sorprendió en lo absoluto, ya teniend
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