El ataque no llegó como un escándalo ruidoso. Llegó como lo hacen las cosas realmente peligrosas: en silencio. Valeria se enteró un martes por la mañana, mientras revisaba correos atrasados con una taza de café frío en la mano. El asunto era breve, casi inocente: “Notificación legal — Andrade Solutions” Lo abrió sin apuro. Lo terminó leyendo sin aire. —Solicitud formal de revisión contractual. Suspensión preventiva de acuerdos activos. Investigación por inconsistencias previas al registro fiscal.— El café se le resbaló de los dedos y manchó el escritorio. No era una acusación directa. Era peor. Era una duda plantada. Diez minutos después, el teléfono empezó a sonar. Clientes. Socios. Un banco. Y, finalmente, Liam. —Ya lo vi —dijo él, sin preámbulos—. Está firmado por un estudio jurídico ligado a Salazar Group. Valeria cerró los ojos. —Camila. —Sí. Y no vino por tu presente. Vino por tu pasado. El golpe siguiente fue quirúrgico. Esa misma tarde,
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