Sentí rabia ante sus palabras y un fuego se encendió en mi estómago ante su amenaza.Sabía que se lo contaría, era solo cuestión de tiempo, pero necesitaba lanzar mi propia amenaza para ganar algo de tiempo.—Si se lo cuentas, me iré y no me volverás a ver, nadie lo hará. Él tiene una compañera y no voy a destruirlos, tampoco voy a destruir a nuestras familias por un error.Mi loba se adelantó ligeramente, con la poca energía que podía reunir, asegurándose de que supiera que hablaba en serio, que cumpliría mi palabra si traicionaba mi confianza.—Su hijo es el heredero de la Manada Aguasclaras.No, mi hijo se quedaría conmigo. Ya, antes de que siquiera naciera, se estaba discutiendo un título. Ese niño era miembro de la Manada Espina Roja, no de la Manada Aguasclaras, ni de la Manada del Fantasma Oscuro.—Javier, escúchame bien. Si se lo cuentas, me iré... me iré tan lejos que nadie nos volverá a ver ni a mi hijo ni a mí. —pronuncié mis palabras con calma y claridad, porque hablaba en
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