Mateo me miró atónito:—¿Qué significa eso?—Que lo mío contigo es amor de verdad, tonto.Mateo frunció el ceño, como si no terminara de entenderlo.Un hombre tan inteligente… ¿cómo podía ser tan torpe en asuntos del corazón?Suspiré para mis adentros; mi enfado y mi tristeza ya habían desaparecido por completo.Le rodeé el cuello con los brazos y, sonriendo, dije:—Ya, dejemos de discutir por eso…—Aurora…De pronto, Mateo bajó mis manos y las sostuvo con fuerza entre las suyas, mirándome con seriedad:—No vuelvas a fijarte en esos hombres guapos, ni en los modelos, ¿sí? Y cuando veas a alguien atractivo, no te quedes mirándolo. En realidad, no tienen nada especial.—Jajaja…Al verlo decir aquello con tanta seriedad, no pude evitar reír.El rostro de Mateo se ensombreció un poco; me apretó la mano con fuerza, con irritación contenida en el ceño, aunque se obligó a no estallar.Incliné la cabeza, con los ojos brillando de risa, y lo provoqué:—Si no los miro a ellos… ¿a quién miro ento
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