—Basta. Tú eres su hermano y siempre la has protegido. Si de verdad quisiera hacerme daño, ¿crees que la podrías detener? Así que, Javier, ¿no te parece que ir a tu casa sería como meterme en la boca del lobo?—Aurora… —escuché la impotencia y la urgencia en la voz de Javier—. Si yo estoy ahí, jamás, jamás voy a permitir que ella te haga daño.Me reí con más sarcasmo y le respondí, muy seria:—No hace falta que vengas. Pase lo que pase, no voy a ir contigo —dije eso y colgué; no quise discutir más con él.Tenía que decirle a doña Godines que vigilara bien a Embi y a Luki; no me sobraba tiempo como para perderlo con él.Pero cuando marqué al teléfono fijo de la villa, la grabadora dijo que el número no existía.Sentí que el corazón se me hundía.“¿Será que Alan cambió el teléfono fijo de la villa a propósito para que yo no volviera a molestar a Mateo?”, me pregunté.No lo pensé más. Agarré las llaves del auto y mi bolso, y salí rápido.Era sábado, así que Embi y Luki no tenían clases; o
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