Capítulo: Entre la Costa y el Pueblo La costa se había convertido en un refugio inesperado para Natalia y Fernando. No era solo el mar, ni la arena clara, ni el rumor constante de las olas rompiendo con paciencia infinita. Era la sensación de pausa, de tiempo suspendido, como si la vida les hubiera dado una tregua después de todo lo vivido. Cada mañana despertaban con la luz filtrándose suave por las ventanas, el aire salino entrando sin pedir permiso, y la certeza de que, al menos por ahora, estaban a salvo. Naty solía levantarse primero, caminar descalza hasta la galería y apoyar las manos sobre su vientre, respirando hondo. Sentía a su bebé moverse con fuerza, como si también él disfrutara de ese entorno tranquilo. Fernando la observaba desde la puerta, café en mano, con esa mirada nueva que tenía desde que habían vuelto a encontrarse. Una mezcla de amor, cuidado y una responsabilidad profunda que le llenaba el pecho. —Buen día, doctora más linda del mundo —le decía, acercán
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