—¿Todo está bien? —pregunté en voz baja.—Sí, solo estaba resolviendo un asunto. Vamos a la sala de conferencias —dijo, arqueando una ceja.Salimos tomados de la mano y no pude evitar sonreír.—¿Qué pasa? —se detuvo.—No, no pasa nada.—¿Segura? —preguntó con esos labios rosados que me volvían loca.—Sí, muy segura.Él me miró con dulzura y depositó un beso en mi frente.Amaba todo de Semir, pero lo que más me encantaba eran sus pestañas largas y sus deliciosos labios. Cuando era niña, siempre me preocupaba la idea de que algún día pudiera enfermar de gravedad y no tener a quién abrazar. No tenía a nadie en el mundo, pero ahora había un hombre que podía salvarme de todas las formas en que una mujer puede ser salvada.Continuamos caminando sin prisa.En ese momento, la luz se volvió inestable. Luego sentí un leve temblor. Seguimos avanzando, como dos locos enamorados.—Espera a que todo esto acabe. Te llevaré...No completó la frase.La puerta cayó casi a nuestros pies.Javier e Iñaki
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