El océano comenzaba a perderse entre los grandes árboles. Milena observaba el paisaje desde su asiento, perdida en sus pensamientos sobre los últimos días. Nunca habría imaginado que terminaría el fin de semana en la costa. No tenía palabras para describir cuánto había disfrutado junto a Blas y sus amigos.En los últimos años, bajo la tutela de Edward, no habría podido permitirse esos momentos. Él se empeñaba en mantenerla encerrada, prohibiéndole salir, hacer amigos, estudiar o incluso trabajar. Recordar aquello la llevó inevitablemente a su madre. Aunque en un principio ella apoyaba a Edward, todo cambió de un momento a otro. Fue su madre, aprovechando un largo viaje de negocios de su hermano, quien la ayudó a marcharse.La cabeza de Milena comenzó a dolerle levemente. Tocó su sien. Recordó aquel episodio de su infancia cuando su padre biológico, sin importarle su familia, los abandonó. Recordaba ver a su madre llorando desconsoladamente, aunque ese recuerdo era borroso.Entonces, su
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