Libro 2. Capítulo 28. El caos.
Emma Spencer.El aire todavía me quemaba en los pulmones, una sensación vívida y punzante que me recordaba que, hasta hace muy poco, ese mismo aire me había sido negado.Estar muerta es una experiencia que no se olvida, por mucho que la magia intente borrar las huellas del paso por el otro lado.No es oscuridad absoluta, ni tampoco una luz cegadora; es un silencio ensordecedor, una suspensión del ser donde el tiempo se estira y se encoge como una goma elástica.No hay sonidos, no hay olores, solo una consciencia desnuda flotando en un vacío que parece devorar la propia identidad, bit a bit, hasta que no queda nada más que el recuerdo de un latido.Y luego, el tirón.El regreso violento a la carne, al dolor, al peso de una corona que nunca se siente más pesada que cuando uno ha estado a punto de dejarla caer para siempre.El alma, que se había acostumbrado a la ligereza del infinito, se ve de repente encadenada de nuevo a los huesos, a la sangre y a la responsabilidad de una vida que y
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