POV de FredricLa realidad es una carga axial que, si no se distribuye correctamente, termina por fracturar el alma. Durante diez años, viví en un vacío estático, una estructura en reposo que creía estar en equilibrio. Pero en el momento en que Lila pronunció mi nombre —esa palabra que sonaba a milagro y a reproche—, todo el hormigón de mi negación se vino abajo.—Súbanse al transporte. ¡Ahora! —El grito de Mathilda me devolvió al presente, un presente teñido de rojo por las luces de emergencia del hangar subterráneo.Agarré a Lila por el hombro. Ella temblaba, no por el frío glacial que se filtraba por las rejillas de ventilación, sino por el impacto sísmico de ver a un muerto caminar. Me miró con una mezcla de adoración y terror, y en sus ojos vi el reflejo de todas las mentiras que Mathilda le había contado. Yo era su padre, el hombre que ella creía haber perdido en un incendio, y ahora era un extraño con cicatrices en las manos y una pistola en el cinturón.—Lila, mírame —le dije,
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