El sol de Barbados no pedía permiso; se filtraba por los poros, obligando al cuerpo de Ivy a rendirse ante un sopor cálido que adormecía incluso sus pensamientos más persistentes. En ese estado de semiinconsciencia, la figura de Tyler se sentía como un recuerdo difuso, una sombra fresca que intentaba, en vano, aplacar el incendio tropical que la rodeaba.Mathew se levantó de su tumbona con un movimiento fluido. El sol acentuaba la tensión de sus hombros bronceados, delatando que el comentario de Ivy sobre su falta de humildad todavía flotaba en el aire, irritándolo y fascinándolo a partes iguales. Se acercó a ella y, por un segundo, su sombra cubrió el cuerpo de su esposa, dándole un respiro momentáneo del calor abrasador.—Sacrificio —repitió él, con una voz que vibró demasiado cerca del oído de ella—. Como el que haces tú, Ivy. Estando aquí, conmigo, cuando tu mente insiste en escapar a otra parte.Ivy se tensó, pero no retiró la mirada. Los ojos de Mathew, habitualmente cargados de
Leer más