Los ojos color ámbar del faraón, se fijaron en el poderoso Alfa, que se acercaba con paso firme. — Abuelo, respóndeme, quieres más a Vlad, que a mí. — El pequeño Marc, que era tan parecido a Marcelo y a Marco, se cruzaba de brazos y tenía las cejas fruncidas. — Pequeño diablillo, si yo quiero a mis nietos por igual, los dos son mi sangre, hijos de mis hijos. No tengo favoritos, tú y Vlad, son mis grandes tesoros. El faraón no había envejecido ni un solo año, estaba igual de apuesto que cuando lo conoció Oriana, fuerte, poderoso, imponente, pero ahora era abuelo, y eso lo hacía muy feliz. — ¿De verdad, abuelo? ¡Ese vampiro me las va a pagar, le voy a dar su merecido, por algo dicen que no se debe de confiar en los no vivos porque no si quieres les late el corazón! — Espera, Marc, ya que tú abuelo Damiano, está aquí, ¿Por qué no le preguntamos a quien prefiere él, si a ti, o a Dalexán? Cómo ya sabes tu eres mitad lobo, y mitad faraón, y Dalexán, es un lobo puro. La mira
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