CAPÍTULO 10. ¡Es mi hijo y punto!
Enojado, frustrado, desesperado.
No eran las mejores emociones, pero prefería esas a la vergüenza de mirar a aquella muchacha a la cara.
Tres años habían pasado y seguía siendo la misma cara, la misma expresión perdida que había visto hacía tres años, solo que ahora una tristeza infinita lo dominada todo.
—Yo… lo siento —murmuró con voz ahogada, besando el dorso de su mano mientras le mojada la piel con sus lágrimas, y agradeció a la virgen que ella no rechazara al menos ese gesto.
Victoria lo