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Un pingüino no tendría nada que envidiarle en ese preciso momento. Con caminar torpe y como si sus piernas estuvieran hechas de gelatina, Nick caminaba al estilo de los bebés. Dando traspiés y tambaleante, iba delante del moreno quien reprimiéndose las ganas de reír, lo observaba.

Casi llegando a la mesa, donde el desayuno les esperaba, un hombre les había visto salir del pasillo donde estaban los aseos y extrañado les pregunt&oacut

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Luname morí de la risa,jaaa que cómico
M Luisa Antunez FlMe ha encantado el capitulo jajajajjj, haber que nos depara la historia con estos dos........
Beatriz Botello AcostaMe encanta
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