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—Ni que lo digas— volteo haciendo puchero. Comprende mi mal estar y me abraza de forma maternal.

—Awww ya, ya… ya sé, ese maldito Ildefonso no tiene corazón— acaricia mi cabello con ternura y me da unas palmadas en la espalda.

—¿Cómo lo supiste?

—Cariño, eres la más ñoña de la universidad, fue noticia tu conflicto con ese cabrón ¿Cómo te sientes?

—¡Mal! Todo se irá a la m****a por culpa de ese imbécil.

—jajajajaja ¡Ay Sam!, no es el fin del mundo.

—¿No lo es? para ti no es gran cosa porque dinero suficiente para seguir aquí, yo no, yo necesito esa maldita beca, sin ella no podré terminar la carrera y no pienso ir con mis papás y exigirles que me paguen todo, ellos no tienen la posibilidad— me siento cada vez más desesperada y de nuevo tengo ganas de llorar.

—Sam, encontraremos la forma, ya verás que todo saldrá bien— me toma de la mano y empezamos a caminar por los pasillos de la facultad —¿sabes qué? Hoy te invitaré a mi cena con Óscar.

—jajajajaja ¿Hablas en serio? ¿Qué tengo que hacer yo ahí? En su cena romántica.

—De hecho no es una cena romántica, uno de sus amigos viene a la ciudad y lo veremos en el Cipriani— cuando pronuncia el nombre del lugar casi me ahogo con mi propia saliva.

—¡¿El Cipriani?! A veces siento que tú querido novio, al cuál sigo sin conocer en persona, se dedica a algo ilícito.

—Jajajajajajaja Óscar es contador, trabaja en un lugar importante, eso es todo, ¡vamos! ¡Acompáñame! será divertido y tal vez te agrade su amigo.

—¡Claro! Perderé la escuela, pero encontraré el amor.

—Jajajaja ¡Vamos! ¿Qué tienes que perder? ¿Qué harás en la noche? ¿Jugar hasta la madrugada?— se cruza de brazos y me ve con esa sonrisa cínica.

Pongo mis manos en mi cintura y reflexiono los pros y los contras, después de todo no tengo ganas de hablar con mis padres, tal vez sea una opción, un pequeño respiro.

—No tengo ropa elegante para un lugar así.

—Yo si, por eso no te preocupes.

—¿Cómo le diré a mis padres que saldré contigo a un lugar tan caro y con dos desconocidos?— busco una excusa para no ir.

—Le diremos a tus padres que vendrás a una pijamada en mi casa, así de simple— me guiña un ojo y me da unas pequeñas palmadas en la mejilla.

—Sabes que no me gusta mentirle a mis padres.

—Ya basta Sam, por un momento deja de portarte como una mosquita muerta, salgamos, hay que divertirnos y después nos preocupamos por lo demás ¿Te parece?

Después de su plática motivacional, acepto su ofrecimiento; hablar con mis padres no fue complicado, ella los convenció de que estaría en su casa toda la noche viendo películas y comiendo helado. Saliendo de clases fuimos hasta su departamento, ella vive sola en un lugar bastante elegante, es un edificio con un estilo minimalista, colores sobrios y elegantes. Tiene un elevador qué bien podría competir con el espacio de mi cuarto.

—Será divertido, Óscar siempre me regala algo cuando vamos a cenar a lugares caros, es bastante detallista.

—Nunca has hablado mucho de Óscar, solo sé que es contador, ¿Qué edad tiene?— ella empieza a reírse mientras sale del elevador dando vueltas.

—Jajajajaja ¿Por qué preguntas eso? No es importante, solo debes de saber que es guapo, me quiere y me da cosas.

—¿Cosas?— la sigo hasta la puerta de su departamento —¿Qué clase de cosas?

—Este departamento— me quedo con la boca abierta, ¿Habla en serio?

—Estas bromeando, ¿Óscar te regaló el departamento?— en cuanto entramos veo el enorme espacio, es un lugar amplio, demasiado para ella sola.

—Sí, es nuestro nidito de amor, solo que él casi no está en la ciudad— Cat suspira con tristeza. —Pero cuanto está es todo una locura, es pasional, tierno, cariñoso y un tigre en la cama— me guiña un ojo y me siento incómoda hablando de sus intimidades —¡Anda! Tenemos que arreglarnos, no debe de tardar en venir.

Me toma de la mano y corremos hacia su habitación, una vez ahí veo una cama enorme y llena de cojines, se ve sumamente cómoda y antes de que pueda fijarme en algo más, Cat abre un par de puertas de madera y me muestra su enorme guarda ropa con orgullo, es todo un cuarto, amplio y lleno de ropa y zapatos por no contar los accesorios como bolsas y joyas.

—Wow.

—Jajajajaja ¡Lo seeeeee! Es una locura.

—Ni que lo digas— paso mi mano por la fina tela de la ropa de diseñador. Todo lo que hay aquí vale más que yo.

—Podría robarme un par de zapatos y unos cuantos vestidos, tendría para pagar mi matrícula— pone los ojos en blanco cansada de seguir escuchándome lloriquear.

—¿Podemos hablar de otra cosa que no sea la escuela? Ya te dije, mañana encontraremos la solución ¿entendido? hoy hay que despejar la mente y disfrutar.

—Bien… bien— me cae encima una tela algo pesada, me la quito de la cabeza y veo que es un vestido, se ve muy pequeño.

—Pruébatelo, combina a la perfección con tu piel— es un vestido rojo de una tela muy delgada y flexible, suspiro y me dirijo hacia la cama para empezar a cambiarme.

—Recuérdame que nos vamos a divertir mucho.

—Nos vamos a divertir mucho.

Me veo por un momento ante el espejo que tiene ella, noto mis clavículas marcadas y mis pechos pequeños, mis caderas son un poco anchas y mis piernas bien torneadas, tengo un pequeño lunar cerca del ombligo. Tomo el vestido y con algo de dificultad me lo coloco, se desliza por mi piel y siento que lo voy a romper, pero la tela da de sí y se amolda perfectamente, me queda como una segunda piel.

—¡Lo sabía! Te quedó perfecto, estás divina— se coloca detrás de mí y ambas vemos mi reflejo en el espejo. —Solo arreglamos ese nido que tienes por cabello— desata la liga que sostiene mi pelo y empieza a peinarlo con delicadeza hasta que lo recoge de forma armoniosa, dejando unos mechones libres dándole un aspecto algo descuidado, pero coqueto. —Perfecto. Ahora solo maquíllate en lo que yo busco que ponerme, las cosas están en el tocador.

Lo señala con la mano mientras regresa al enorme guarda ropa; me pongo una combinación de sombras marrones y delineo mis ojos en negro, pinto mis pestañas y dudo en pintar mis labios. Cuando sale Cat me quedo con la boca abierta, está preciosa con un vestido negro que le queda como si estuviera pintado en su cuerpo, se está arreglando el cabello mientras intenta calzarse unos tacones. Cuando terminamos de arreglarnos se escucha el timbre, mi amiga pega un brinco y casi sale corriendo hacia la puerta.

—¡Es Óscar!— camino siguiendo sus pasos y me quedo recargada en el marco de la puerta, es entonces cuando lo veo por fin, un hombre alto de cabellos rubios y ojos castaños, tiene una piel tersa con una sutil cicatriz en la mejilla apenas visible. Cat está encantada con él, lo ve como su más grande tesoro y no puedo evitar deducir su edad, es un hombre que si no rebasa los 40 por lo menos si se acerca bastante. —Amor, te presento a Samantha, podría decir que mi mejor amiga de la escuela. Sam, él es Óscar, el amor de mi vida— Óscar se acerca a mí de forma elegante, sonríe y me ofrece su mano.

—Un placer conocerte por fin— su voz es gruesa y tiene su encanto, me quedo pasmada por un momento, no sé si por su belleza o por su edad.

—El placer es mío.

—¿Están listas? La noche nos espera— me guiña un ojo y regresa su atención a mi amiga que parece fascinada.

Salimos del departamento donde nos espera un auto bastante elegante, un Rolls-Royce muy lindo. Óscar me abre la puerta trasera del auto y a Cat la del copiloto para después rodear el carro, es cuando aprovecho para acercarme al oído de mi amiga.

—No dijiste que era un hombre grande— le digo en un susurro.

—Yo prefiero decir maduro, además es todo un bombón— sus ojos tiene ese brillo que tanto me asusta.

Todo el camino voy viendo por la ventanilla mientras ellos platican de cuánto se extrañaron, de vez en vez me involucran en su plática, pero mis participaciones se limitan a un “si”, “no” y “jajaja”. Siento como si estuviera traicionándome a mí misma, no quiero imaginar cómo será su amigo, de seguro de la misma edad o más grande. Llegamos al lugar y relumbra en ostentosidad, se respira elegancia y vanidad. El ballet se encarga del auto de Óscar y los tres entramos al lugar, una chica que parece modelo es quien nos recibe, revisa la reservación y nos hace pasar. En cuanto llegamos a la mesa no puedo sentirme más incómoda, no pertenezco a lugares así y no por el dinero que me hace falta si no porque no soy así, soy mejor que esto.

—Tengo que ir al tocador, ¿Me acompañas?— le pregunto a Cat quien acepta gustosa, se despide con un beso de su amado y juntas caminamos hacia el baño.

Una vez dentro Cat se acerca al tocador mientras que yo camino de un lado a otro, estresada y con ganas de salir corriendo de aquí, no quiero seguir conociendo a ese Óscar, no quiero conocer a su amigo, ¿por qué demonios acepté la invitación de Cat? Tal vez por qué no sabía lo que pasaba en verdad.

 —¿Es tu… sugar daddy?— le pregunto incómoda y en voz baja como si temiera que alguien más escuchará.

—jajajaja mi ¿Qué?

—¡Ay por Dios! Sabes de lo que hablo, Óscar es como tú sugar daddy, te da todo lo que pides y quieres a cambio de… de…

—¿De qué? Jajajajaja— se recarga en el lavabo y me ve fijamente con mirada pícara.

—¡Tú sabes de qué! No creí que fueras una mujer así, ¿Por qué me trajiste Cat?— suspira con algo de cansancio y pone sus manos en mis hombros, me hace retroceder hasta que me pone contra la pared.

—Sí, Óscar es mucho más grande que yo y sí, también me da todo lo que le pido, pero eso no significa que no le quiera y él a mí ¿Entendido?

—Respóndeme… ¿Qué hago aquí?— siento miedo al volver a preguntar.

—Tenías un aprieto económico y creí que presentarte a un hombre rico sería una buena ayuda— me libera de su agarre y yo me quedo con la boca abierta.

—Trata de blancas…

—¡¿Qué?! ¡No! No se trata de eso. Nikolai no solo es el amigo de Óscar, es su jefe, es CEO de una empresa importante y tuvo una decepción amorosa hace un tiempo, entonces su corazón está disponible y si los dos congenian y se llevan bien, tal vez se dé algo lindo.

—Claro, y Nikolai ¿Qué edad tiene? ¿60?

—Jajajaja eres muy quejumbrosa, pero piénsalo, no estás obligada a hacerle caso, pero toma en cuenta que puedes obtener un patrocinador para pagar tus estudios y hasta ponerte un hospital— mi amiga empieza a caminar hacia la puerta del baño, sabe que me dejó pensando.

¿Seré tan avariciosa para acercarme a un hombre así? Camino con un nudo en la garganta, quiero irme a mi casa. Empezamos a caminar entre las mesas, veo mi reflejo cada vez que tengo oportunidad y me veo hermosa, espero que al viejito de Nikolai no le dé un paro cardíaco. Llegamos a la mesa y vemos que Óscar está acompañado. En cuanto llegamos, tanto el novio de mi amiga como su acompañante se levanta de forma educada y es entonces cuando me quedo con la boca abierta. El hombre que acompaña a Óscar es aún más alto que él, tiene una mirada profunda y cabello negro, sus ojos son claros y en conjunto con una nariz recta y una mandíbula cuadrada le dan ese aire varonil, no puedo negar que es atractivo.

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