Al día siguiente era el cumpleaños de Eduardo.
Sofía se levantó temprano. Se lavó el cabello, se bañó y, con el cuerpo todavía tibio por el vapor, fue al vestidor.
Pasó la mano por la ropa colgada en orden, hasta que se detuvo en un conjunto blanco. Sin mangas, elegante y sencillo, con unos shorts de la misma tela.
El corte era impecable. Transmitía una energía pura y pulcra.
Sofía eligió ese conjunto sin pensarlo.
La tarde anterior, antes de salir de la empresa, había visto el vestido que Diego