Capítulo sesenta. Preocupación
James caminó callé abajo, contrario a donde Hope y compañía esperaron por el auto. Tenía un malestar en el pecho que amenazaba con ahogarlo. Él no era un hombre violento, jamás lo había sido, ni siquiera en su juventud. Pero David era experto en sacar su lado rudo y no comprendía exactamente la razón, cuando lo conoció creyó que había encontrado un buen amigo ¡Se había equivocado!
—¿James? —él se detuvo al escuchar la voz de Bárbara desde la ventanilla del auto.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Jame