Paola volteó y de inmediato se estaban besando, ambos urgidos de tocarse y sentirse, se han necesitado, su deseo estaba contenido como olla de presión.
—Joseph, yo…
— ¡Schh! No digas nada —le increpó Joseph con los ojos cerrados y soltando los botones del pijama.
Paola se entregó, entendió que entre ellos había demasiada pasión condensada, que se necesitaban y esto era lo que ella quería.
Disfrutarlo, entregarse, sin atarlo, sin pedirle amor, ella no se sentía con derecho.
Pero mientras él quis