Alaia
—Hemos llegado —Tino abre la puerta de mi oficina de par en par y detrás de él entran mis hijos corriendo directamente a abrazarme y a Ash, quien se encuentra conmigo.
—Pero qué bella sorpresa —digo besando las cabezas de mis hijos.
—Pues que nos hemos cansado de estar en casa y los he traído a dar un paseo, sabes, la camioneta, los guardaespaldas, el cielo azul y la excusa de que los niños no deben de estar en casa tanto tiempo; me he traído al rubio y al morenazo, venga que no sé cuál