Mundo ficciónIniciar sesiónEn aquel entonces, hace más de veinte años, cuando Ally estaba enferma y no se podía salvar, él y su madre se quedaron en la isla durante casi tres meses.
A medida que Celia mejoraba, gracias a los cuidados de la anciana, sus estados de trance se hicieron menos frecuentes y más breves.
Cuando su madre salía de sus trances, él se sentaba con ella mientras ella cuidaba las plantas o preparaba botellas y botellas de medicinas.
Le hacía compañía y aprendía como solo los niños saben hacerlo.
Desde líquidos hasta pastas y píldoras duras. Algunas para uso externo y otras para ingerir.
También había elaborado medicinas para quemar, como incienso, o para fumar, como tabaco.
«Así es como mantienes las manos firmes», le había dicho su madre durante una de las muchas sesiones en las que se sentaba con ella, colocando sus manos firmes sobre las pequeñas y torpes de él.
«Paciencia, Jullian. La naturaleza recompensa la paciencia».
Pero cuando






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