Después de lavarse, Selene salió del baño una vez más.
En la habitación, todo estaba vacío.
Selene respiró hondo, tratando de ajustar sus emociones, y comenzó a bajar las escaleras.
Al llegar al salón del primer piso, vio a Pedro sonriendo mientras comía galletas. Al ver a Selene, su sonrisa se hizo aún más grande.
—¡Selene, buenos días!
Selene asintió sonriendo hacia Pedro.
—Buenos días, abuelo.
—Andrés no está aquí para desayunar conmigo, dijo que tenía asuntos de negocios y se fue apresurada