Al salir de la mansión, Damián rápidamente lo siguió.
—Señor Andrés, ya he instalado el dispositivo de escucha. Cada movimiento de la señora estará bajo nuestro control en el futuro.
—De acuerdo— respondió Andrés, deteniéndose de repente en sus pasos.
Miró hacia arriba, hacia el balcón del tercer piso donde Selene había caído antes. Sus ojos peligrosos se entrecerraron, emanando una profunda y aterradora intensidad.
Algún día, la evidencia de su aborto será irrefutable.
Y él mismo llevaría a su