Selene observaba a Fausto frente a ella, su rostro mostraba signos de envejecimiento, con las sienes cubiertas de canas. Nunca se habría imaginado que en menos de un mes él se vería así...
Selene frunció delicadamente el ceño, sin saber qué decir en ese momento. Simplemente asintió levemente hacia él, pero la palabra “papa” se atascaba en su garganta.
—Papá, ten más cuidado— intervino Mariana de inmediato, acercándose para asegurarse de que Fausto no se había quemado. —Deja que yo me encargue de