Capítulo 19 – El Dios Griego de Ojos Azules.
Tienes que ir a trabajar – resonaba en mi cabeza – No quiero ir a trabajar – repetía yo. Una y otra vez, como en un maldito bucle, mientras apretaba la cabeza contra la almohada, escuchando sus gemidos, al mismo tiempo que su cuerpo se echaba sobre el mío, con su miembro clavándose dentro, apretándome cada vez más al colchón.
Sus labios mordieron los míos, sin dejar de hacerme aquello, llevándome a la más completa locura.
- Deberías irte ya – dijo, entre jadeos, sin detenerse ni un poco – deberí