—Bien, definitivamente ya lo entendí —aseguró Alice, sin siquiera intentar que su voz no sonara emocionada, porque era así como estaba.
Luego de recibir su herencia, y de enterrar a su abuelo, Alice había decidido involucrarse en el negocio familiar, algo que no había hecho antes, no por falta de ganas, sino porque le negaron ese derecho; sin embargo, ahora que era una dueña más ni siquiera no saber nada la detendría así que, en cuanto pudo se paró en la oficina de su hermano y le preguntó qué