CUATRO AÑOS DESPUÉS
—¿Y si nos lo llevamos? —preguntó Roberta, mirando desde abajo el rostro del padre del menor de sus hijos, y sin siquiera intentar contener esa imperiosa necesidad que le burbujeaba en el estómago de rescatar a su pequeño que a lo lejos gritaba por ella—. Podemos traerlo mañana.
—Eso dijiste ayer —recordó Alessandro, sintiéndose incómodo también por recordar a su hijo, de ahora cuatro años, aferrándose a las piernas de su madre hasta que la maestra se lo había llevado cargan