No era una indirecta. Era una directa, directísima. Al medio del pecho. ¡Sammy se había acostado con Darío!
No era nada nada que Ángel no esperara ya, pero escuchárselo decir sin ninguna vergüenza, sin remordimiento era… casi un maldit0 desafío.
Y lo peor era que tampoco estaba diciendo ninguna me