—Pero di algo… ¿no? —casi suplicó Darío después de que Sammy se pasara dos minutos completos sin pestañear.
—¿Es…? ¿Es en serio? —murmuró ella viendo aquel enorme diamante y entendiendo por qué Jacob Lieberman había salido corriendo y había regresado corriendo también.
—Noooooo… el Grillo tiene un