Darío se estiró el traje y de reojo vio cómo Sammy se apoyaba en la cama, con la barbilla sobre los brazos.
—¿Tú no piensas ir a trabajar? —le preguntó riéndose—. ¿O vas a estar todo el día embelesada?
—¡Oye, tengo un hombre que es un monumento, déjame admirarlo! —rezongó Sammy, además si me levan