—¡¿A esto fue a lo que viniste?! ¿¡A coger!? —le gruñó como si fuera un animalito acorralado.
—No, no vine a coger. ¡Vine a bambinizarte, maldit@ loca, y te juro que no te vas a poder levantar en un mes!
—¡Pues yo no quiero! —le espetó Sammy.
—¡Ah! ¿No? —siseó Darío quitándose la camisa y echándo